COMERCIO EXTERIOR Y “NORMAS DE TIPO VOLUNTARIO” ISO MERCOSUR
¿Cómo no quedar excluidos del primero a causa de estas últimas?
En
los comienzos de este siglo hablar de la globalización de los mercados,
de sus ventajas e inconvenientes sería sobreabundante. Nos guste o no,
cualquiera sea la teoría económica que se enarbole, la realidad es una
sola: la economía está globalizada y toda empresa que quiera crecer
y desarrollarse debe tener entre sus objetivos la expansión hacia otros
mercados; la internacionalización de las empresas y de las transacciones
es un hecho más allá de cualquier posición teórica favorable o crítica
al respecto.
Producir para el exterior sin embargo implica para la empresa una modificación
de su cultura, en especial para la de nuestros países y esto era válido
mucho antes de la profunda crisis por la que lamentablemente atraviesa
nuestro país.
¿Por qué? Porque yo, empresario, no debo tener en cuenta sólo las variables
de mi mercado interno (que no es mi especialidad detallar), sino
que debo incorporar a todos mis procesos y sistemas de gestión, las
variables que son práctica exigible en los mercados en los cuales quiero
ubicar mi mercadería. Y allí es donde comienza la necesidad de mi apertura
mental hacia las exigencias y requerimientos que pueden provenir de
disposiciones legales, de presión de consumidores, y, en gran parte
de normativas corporativas o de carácter voluntario que en muchos casos,
si bien no exigibles jurídicamente, tienen más fuerza que si lo
fueran, para permitir la expansión hacia aquellos.
¿A qué me refiero cuando hablo de normas voluntarias?
Las exigencias internacionales respecto a la calidad de los productos
y de los sistemas de producción (comenzando desde el diseño mismo del
producto hasta la atención posventa del mismo) así como lo relativo
al respeto del medio ambiente en los sistemas de gestión empresarios,
introducidos por el concepto de desarrollo sostenible no pueden ser
ignorados por quien quiera exportar. En muchos casos también, estas
exigencias, en especial las relativas al tema medioambiental me van
a condicionar la obtención de créditos internacionales, la contratación
de seguros internacionales o la posibilidad de venta de mi empresa por
la evaluación que el comprador interesado hará de los pasivos ambientales
de la misma.
En principio estas normas voluntarias fueron de carácter nacional,
pero poco a poco, se fue viendo la necesidad de ampliar y unificar los
criterios para posibilitar un comercio exterior fluído y reglas claras
y omnicomprensivas en la materia. De los sistemas actualmente
más conocidos y reconocidos internacionalmente, las normas ISO y las
del EMAS (CEE), son las primeras las que van posicionándose con más
fuerza en el mercado, por distintos motivos que no trataremos en esta
primera aproximación. Toda empresa que quiera encarar una política de
comercio exterior exitosa debe implementar al menos ( si no certificar)
un sistema de gestión de calidad y un sistema de gestión medioambiental.
En algunos supuestos de industrias determinadas o países, la certificación
es directamente obligatoria. Pero al menos la implementación como sistema
de buena administración de la gestión empresaria debe estar presente.
Y esto no está reservado sólo a la gran industria. Las PyMES, si bien
muy exigidas actualmente en nuestro medio y urgidas por otras problemáticas,
no deben dejar de encarar estos temas, porque las empresas de envergadura
de las que sean proveedoras se los exigen o exigirán en el futuro.
Por ser las que más aceptación tiene vamos a tratar de dar un breve
pantallazo sobre las Normas ISO. Para eso, debemos primero que nada,
detenernos en saber que es ISO.
ISO es la International Standardization Organization, que es un organismo
no gubernamental que funciona con sede central en Ginebra y que
reúne a más del 90% de la producción mundial. Cada país está representado
en los distintos comités de ISO, siendo que existen miembros “P” y miembros
“O”, esto es, con o sin derecho a voto, pero todos con posibilidad de
participar. A través de un complejo y democrático sistema de votación
de las propuestas normativas, que se giran a todos los países
miembros, a través de sus representantes (En nuestro país el representante
es el IRAM, Instituto Argentino de Normalización conforme decreto 1494/94),
van surgiendo las distintas normas que abarcan muchos más temas que
los que he mencionado de calidad y medio ambiente.
Las Normas ISO más conocidas tal vez son las de la Serie 9000 sobre
calidad y las de la Serie 14000 sobre Medio Ambiente. Vale señalar
que existen comités de trabajo conjunto para elaborar –en algunos supuestos-
normas comunes tanto para la serie 9000 como 14000, como sucede en el
caso de los sistemas de gestión y de auditorías y que en poco tiempo
permitirán tener normativas comunes para implementar sistemas de gestión
de calidad y medioambientales y para la realización de las auditorías
en los mismos. Debe destacarse asimismo que se ha aprobado ya la versión
IRAM-ISO-MERCOSUR de estas normas.
Pero la familia de las Normas ISO 14000 no se detiene sólo en lo referido
a sistemas de gestión y auditorías. Abarca todo lo relativo a ciclo
de vida, indicadores de desempeño, etiquetado, diseño para el ambiente,
y otros temas relacionados. Gran cantidad de normativa ha sido ya sancionada
desde ISO y es todavía poco conocida en el ámbito empresario, sobre
todo en la pequeña y mediana empresa.
Con el análisis y estudio de los sistemas de gestión de calidad y medioambientales
y la implementación de los mismos, introducido esto como política de
los más altos niveles de la dirección, las empresas podrían posicionarse
mucho mejor en los mercados externos. Es preciso derribar el tabú de
que ello es imposible por los costos que requiere. En primer término,
es necesario NO HABLAR DE COSTOS SINO DE INVERSION. Todo lo que se destine
a implementar sistemas de gestión de calidad y de medio ambiente es
para la empresa una inversión que se recupera (existen datos fehacientes
publicados por las empresas que ya han certificado), se amortiza en
plazos variables según los casos, en especial, según el grado de tecnología
con que cada uno cuente. Si debo efectuar un cambio total de mi tecnología,
la inversión será seguramente mucho mayor que si debo mejorar el sistema
en una tecnología que pueda continuar aplicándose.
Pero siempre es posible implementar el sistema de gestión medioambiental
y obtener la consecución de metas y objetivos, con el concepto de la
mejora continua a través de la revisión anual por la dirección. Siempre
hay algo que se puede ir optimizando con una inversión acorde con las
posibilidades de la empresa y muchas veces con poca inversión las mejoras
medioambientales pueden ser importantes. Sólo es necesario tener la
disposición y el asesoramiento adecuado para encontrar las fortalezas
y debilidades de cada sistema y trabajar sobre ellas.
Se ha acusado a estas normas voluntarias de ser utilizadas por muchos
países como barreras pararancelarias. En efecto, pueden ser mal empleadas
de este modo. Por eso precisamente, debemos centrar los esfuerzos en
ir adaptándonos a las mismas, vista su aceptación universal, para que
dejen de ser eventuales barreras pararancelarias y se conviertan en
verdaderas oportunidades de negocios.
Es un desafío que debe ser encarado con seriedad por todos los empresarios
que quieren trascender las fronteras, pues de lo contrario, éstas terminarán
cerrándoseles. En situaciones de crisis como la que estamos atravesando
debemos tener muy presentes las soluciones creativas y las oportunidades
de negocios y de diferenciarnos de la competencia para poder continuar
en carrera
Dra. María Margarita Drago
Rey
dragorey@fibertel.com.ar