SOBRE COMPETITIVIDAD Y COMERCIO EXTERIOR
Luego
de un período en que la confianza en la ejecución de políticas públicas
y en sus efectos casi desapareció del escenario, las POLITICAS ACTIVAS
DE COMPETITIVIDAD INDUSTRIAL resurgen con fuerza. La discusión sobre
el alcance que debe tener el Estado en las economías, nuevamente se
abrió con énfasis, aunque lejos de posiciones extremas como las de un
Estado productor e intervencionista, a la de un Estado prescindente
o ausente. De la misma forma que fue abandonada la idea de un Estado
empresario con altísima participación en las actividades económicas,
también el modelo de un Estado ausente que delega en el mercado las
funciones de asignador de recursos y distribuidor del ingreso. Existe
la convicción de que la conjugación de objetivos entre gobiernos y empresas
hace posible la maximización de beneficios para la empresa privada y
la realización del máximo nivel de desarrollo económico y social para
la comunidad.
En
términos de competitividad, el nuevo concenso que alcanza a la mayoría
de los países ("competitivos"), reserva un rol fundamental para el Estado
en la creación de factores competitivos y en el pasaje de las ventajas
comparativas hacia la creación de ventajas competitivas. A modo de ejemplo
se puede mencionar el caso de Singapur, que se encuentra primero en
rankings de competitividad, con un excelente desempeño exportador durante
los últimos 15 años con una tasa promedio de crecimiento anual de las
exportaciones cercana al 20%. Sus exportaciones apuntaron fundamentalmente
hacia los mercados de alta tecnología, a través de políticas públicas
de fortalecimiento del sistema de investigación y desarrollo, la inversión
( y no el gasto) en educación y en infraestructura física lo que le
permitió atraer inversiones extranjeras y el acceso a nuevas tecnologías.
La
competitividad debe fundarse en un sostenido crecimiento de la productividad
y de la eficiencia empresarias, concomitante con una permanente expansión
de las transacciones económicas en un contexto de equilibrio en el sector
externo, todo lo cual debe pasar a través de una sólida asociación entre
gobierno y empresa.
Para
mejorar nuestro nivel de vida, debemos aprender a competir en un mercado
internacional cada vez más exigente. Necesitamos desplazar la actividad
económica hacia productos con alto valor agregado, que generarán nuevos
puestos de trabajo. La única forma de ser competitivos pasa por establecer
una sólida "asociación" entre gobierno y empresas. El desafío de la
competitividad exige un esfuerzo de productividad sin precedentes, para
avanzar decididamente en los nuevos escenarios internacionales y, convertirnos
a partir de la sustentación de un sólido mercado interno en una potencia
exportadora.
El
Estado debe ser el principal impulsor de la creación de factores de
producción competitivos y, este compromiso lo debe cubrir siendo responsable
de áreas importantes e indelegables como son: los sistemas de educación,
la investigación y la infraestructura.
En
conclusión puede afirmarse que: el diseño y ejecución de políticas activas
que sirvan de base para el desarrollo empresario, la inversión privada
de riesgo y la innovación, son funciones indelegables del Estado en
coordinación permanente con el sector privado. El gobierno deberá crear
el marco necesario para que las empresas puedan competir en igualdad
de condiciones con sus similares extranjeras. Asimismo, deberá animar
e incitar a las empresas para que progresen en la creación de riqueza
permitiendo luego una DISTRIBUCION MAS JUSTA Y EQUITATIVA, PASANDO DEL
CRECIMIENTO ECONOMICO AL DESARROLLO SOCIAL.