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Israel
es por si mismo un mercado de tremendo potencial, dado su elevado nivel
de vida y de consumo.
Tratándose de un país de algo mas de 6.000.000 de personas, su comercio
exterior ha superado aun el de la Argentina, tanto en importaciones
como exportaciones.
Las importaciones provienen especialmente de Estados Unidos (casi la
mitad) y en cantidades relevantes también de la Comunidad Europea y
el Lejano Oriente.
En esas importaciones, las materias primas ocupan un lugar fundamental,
así como los bienes de capital, sumando juntas una cantidad del orden
de los 25 mil millones de dólares anuales. Este es un indicativo de
que Israel es un país que produce, que transforma gran parte de sus
importaciones, que luego son reexportados como nuevos productos manufacturados.
Sin abastecimiento de petróleo propio, produce aun materias primas plásticas,
aunque por supuesto en un nivel reducido para el consumo interno de
productos manufacturados con componentes plásticos y para un muy importante
nivel de exportación.
Pero también es alto su nivel de importaciones de consumo, en el orden
de los 12 mil millones de dólares anuales. Israel ha importado de Argentina,
según los números del año 2000, unos 50 millones de dólares, de los
cuales la mitad ha sido de carne congelada.
Es una cantidad muy pequeña, considerando todo lo que Israel podría
comprar.
Claro que recién ahora Argentina podrá empezar a ubicarse en el mercado
mundial en forma competitiva. Israel importa gran parte de lo que consume,
desde automóviles hasta alimentos, productos textiles y calzado.
Es importante el mercado de vinos, con una naciente industria nacional,
pero con una penetración interesante de vinos especialmente europeos
- franceses, italianos y españoles -, norteamericanos, y chilenos. Y
no solamente vinos embotellados, sino también a granel.
Los productos europeos cuentan con tratados aduaneros que los privilegian,
y los chilenos con una política exportadora muy agresiva, además -por
supuesto- de productos de alta calidad. Cabe tener en cuenta que en
productos alimenticios, el 70% del mercado lo tienen los productos kosher
(procedimiento de producción de acuerdo a ciertas reglas religiosas),
quedando el 30% restante para los productos no kosher.
Esa menor parte del 30% es todavía interesante, pero ella no accede
a las grandes líneas de supermercados.
El problema de producir kosher será, seguramente, la interrupción de
las líneas automáticas de producción, porque en si mismo no resultan
necesariamente mucho mas caros.
Obsérvese que ya existen algunos productos tradicionales argentinos
en las grandes líneas de supermercados, y que son kosher, como dulce
de leche y aun yerba, y no puede suponerse que lo son pensando exclusivamente
en la colonia argentina, que llega apenas a unas 60.000 personas.
También es habitual observar en esos comercios la oferta de carne argentina
congelada. Al respecto, el rabinato parece haber ampliado la lista de
cortes autorizados (cumpliendo ciertos rituales), lo que aumenta el
espectro en este rubro.
Tal vez los productores argentinos debieran pensar en introducir, además
de productos alimenticios, productos textiles, productos de cuero, y
otros no tradicionales.
Tratándose de un mercado joven, se presta incluso a la introducción
de productos nuevos, que no necesariamente cuenten con una competencia
con presencia previa, constituyendo una clara oportunidad para los exportadores
argentinos que estén preparados para una política imaginativa y agresiva.
Hasta ahora, Israel ha celebrado tratados especiales aduaneros con muchos
piases, destacándose últimamente el de Israel-Mexico. Han existido solo
aproximaciones con Argentina en esa dirección, llegándose incluso a
una especie de carta intención en ese sentido.
Tal vez con la acomodación de los precios argentinos a nivel internacional,
y fundamentalmente con el diseño de una clara política exportadora que
pretenda tener un carácter permanente, los exportadores argentinos puedan
acercarse en forma estable a los importadores israelíes. Mientras tanto,
los aranceles de importación israelíes se encuentran en un nivel alto,
no quizá por una política especialmente dirigida a la protección de
una industria israelí, sino a las necesidades fiscales del Estado.
De ahí la importancia de los tratados especiales aduaneros, en cuya
celebración debiera insistirse.
Pero aun sin ese tratado, Israel constituye un mercado muy interesante
para los productos argentinos de todo tipo, que pueden tener una introducción
competitiva.
Es inevitable considerar a Israel como una futura puerta comercial estratégica
para todo Medio Oriente.
Tal vez, la actual situación política en la zona impida considerar la
cuestión en este momento, pero ello habrá de suceder inevitablemente
en el futuro, en tanto apostemos por la paz.
Siendo así, el mercado habrá de extenderse a mas de 40 millones de personas.
Los palestinos mismos constituyen un mercado de 3.000.000 de personas,
cuyos productos - aun hoy mismo- son introducidos por Israel, ya que
la Autoridad Palestina no cuenta con puertos y aeropuertos apropiados
y ha sido habitual la relación entre los hombres de negocios israelíes
y palestinos, quedando todos ellos a la espera de una normalización
que deberá venir.
Hoy, el mercado es el mundo mismo, e Israel es una clara oportunidad
para el exportador argentino.
Dr.
Eduardo L. Ferder
Abogado argentino-israelí, con licencia de ambos países,
especialista en comercio internacional, con residencia en Israel
elferder@netvision.net.il